La otra cara de la educación y el poder parental

¿Cómo ser permisivo sin violentar el deseo del infante? Aquí una reflexión sobe abuso sexual infantil, educación y el poder parental
¿Cómo ser permisivo sin violentar el deseo del infante? Aquí una reflexión sobe abuso sexual infantil, educación y el poder parental
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¿Cómo diferenciar entre poner límites y pasar por encima de lo que una niña o un niño siente? ¿Qué tiene que ver esto con la prevención del abuso sexual infantil? Aquí te compartimos una reflexión sobre la educación y el poder de madres, padres y personas cuidadoras.

La vida del niño siempre estará dirigida por las opiniones y decisiones de los adultos, afectando en su autonomía, libre albedrío y seguridad; así pues, como padres o adultos responsables, tenemos la obligación de enseñar y acompañar en el desarrollo del menor, sin embargo, en distintos contextos, la “educación” se tergiversa a “disposición” de los deseos y sentimientos de los niños, lo cual desde una posición de figura de autoridad, puede impactar significativamente en la vida del infante, en ocasiones para bien y otras no.

¿Cómo diferenciar entre educación e imposición del poder parental? ¿Qué implicaciones negativas puede tener la imposición de este poder en la vida del menor?

La educación y el poder parental

Pese a no existir un manual que enseñe a criar, educamos de acuerdo con lo que vivimos y con lo que creemos que es correcto. Revisar algunas actitudes que hemos normalizado ayuda a que niñas y niños aprendan que su cuerpo les pertenece, uno de los factores que les protegen frente al abuso sexual. Ojo: la responsabilidad de un abuso es siempre de quien agrede, nunca de la niña o el niño ni de su familia.

Cabe destacar que algunas de las acciones que hacemos, en su mayoría, son meramente aprendidas ya que han perdurado de generación en generación sustentándose en pensar que el mayor está bien, el menor mal y en consecuencia, tiene que obedecer. 

Esta lógica proveniente de ideologías expuestas por la sociedad, afecta en ocasiones el deseo del niño, impactando en su toma de decisiones y su libre elección de vinculación emocional, en este fenómeno mejor conocido como “adultocentrismo” se puede observar; ya que se refiere a una relación asimétrica entre las personas adultas, que ostentan el poder, y otras personas de otro segmento (niños, adolescentes y adultos mayores).

Con los pequeños, la mayor desventaja es que han tenido poco contacto con el mundo y su relación con éste, depende de la que los padres les presenten.

Otro tema que te podría interesar: Cuando crezcas, entenderás… Adultocentrismo

¿Cómo entender la separación entre el ser permisivo al grado de no educar y el violentar los deseos y peticiones del infante? 

Un ejemplo claro: cuando obligamos a una niña o un niño a dar un beso a la tía lejana, abrazar al abuelo que casi no ve o ser muy atento con la vecina que no recuerda, aunque haya dicho que no quiere, le enseñamos que debe complacer a cualquier adulto que le pida una muestra de afecto. Puede formarse la idea de que es “malo” si no obedece, y quienes abusan se aprovechan de ese miedo.

Como madres y padres no queremos quedar mal con familiares o conocidos, y sin querer mandamos un mensaje equivocado. Conviene platicar con ellos y escuchar por qué no quieren hacerlo. Su “no” al contacto físico se respeta aunque no sepan explicarlo, y se pueden ofrecer otras formas de saludar, como decir hola con la mano.

Recordemos que el ser un crío no es antónimo de ser humano y así como nosotros, habrá momentos en los que se sienta indispuesto, no se sienta cómodo con la persona en cuestión y eso debe de respetarse. Si nosotros mismos no besamos, abrazamos, ni tenemos contacto físico con personas que no nos dan confianza; no obliguemos a los niños a hacerlo. Aprendamos a no abusar del “poder parental” para hacerlos sentir incómodos y acorralados.

Respetar su cuerpo no significa dejar de poner límites a su conducta. Los berrinches son parte del desarrollo, y en esos momentos también se acompaña, se ponen límites y se da estructura, sin forzar el contacto físico.

¿Cómo puede la educación y el poder parental influir en el abuso sexual infantil?

Es primordial diferenciar entre educación y forzar a que utilicen su cuerpo para darle una respuesta a otro adulto. 

Los besos, los abrazos, las caricias o sentarse en el regazo de un adulto, cuando son forzados o se ignora que la niña o el niño no lo desea, le enseñan que su “no” no cuenta.

El abuso sexual infantil incluye cualquier actividad de tipo sexual que una persona adulta, o alguien con más edad o poder, impone a una niña, niño o adolescente: tocamientos, exhibicionismo, mostrarle material sexual, pedirle fotos o explotarle, con o sin contacto físico. Puede dejar daños físicos y emocionales, y en todos los casos la responsabilidad es de quien agrede, nunca de la niña o el niño.

No desea “ser malo” y por eso obedeció

Ser víctima de abuso es traumático, y para una niña o un niño que apenas está conociendo el mundo puede ser aún más confuso: muchas veces no entiende lo que pasó ni tiene palabras para expresar la incomodidad, el dolor o el asco que siente. Puede sentirse enojado y desprotegido, con ese enojo hacia afuera y también hacia sí mismo, y vivir una idea dividida: no quería “ser malo” y por eso obedeció, pero siente que algo estuvo mal. Por eso es tan importante decirle, con palabras y con hechos, que no fue su culpa.

Como posible solución para evitar sentirnos incómodos con nuestros conocidos, convendría invitar al pequeño a que salude siempre con distancia y respeto. Ya si el niño desea abrazar, dar cariño, permitirle hacerlo. Los niños aunque están apenas conociendo el mundo, se percatan de mucho y vale la pena escucharlos. 

Si una niña, niño o adolescente te cuenta que vivió abuso sexual, o sospechas que lo vive, estas son recomendaciones de UNICEF México:

  • Créele y nunca cuestiones su palabra.
  • Escucha sin interrumpir ni juzgar, y evita preguntas que condicionen su respuesta.
  • Dile que no es su culpa y agradece su confianza.
  • Protégele: evita el contacto con quien le agredió.
  • Busca atención médica, de preferencia dentro de las primeras 72 horas, y apoyo psicológico.
  • Denuncia, porque es un delito. En una emergencia, llama al 911.

Además, te sugerimos mantener la calma frente a ella o él y no confrontar por tu cuenta a la persona agresora.

¿Dónde denunciar?

Ciudad de México: dónde reportar el maltrato infantil (Poder Judicial de la Ciudad de México).

Orientación las 24 horas en la Ciudad de México: Línea de Seguridad y Chat de Confianza del Consejo Ciudadano, 55 5533 5533.

Fuentes: UNICEF México, ¿Cómo proteger a niñas, niños y adolescentes de la violencia sexual? (consultado el 8 de octubre de 2026); Organización Mundial de la Salud, Maltrato infantil (nota descriptiva, 8 de mayo de 2026).


Texto original de Elí Ganem. Publicado por el Equipo editorial Neopraxis y revisado por Cinthia Marcos Fernández-Veraud, psicóloga, cédulas profesionales 5885890 y 7257127, el 8 de octubre de 2026. Este artículo es informativo y no sustituye una valoración profesional.

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