No todas las infancias son lindas, ni son iguales. ¿Cómo afecta la negligencia emocional infantil en nuestras vidas? Aquí una gran reflexión.
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La importancia de las emociones y su reconocimiento
El no reconocimiento de las emociones durante los primeros años de vida impacta en el desarrollo de nuestra personalidad generando secuelas en la adultez, prueba de esto, es cuando nos enfrentamos a cuestionamientos intrusivos internos como sería ¿De verdad está sucediendo algo para que me perciba de esta manera?, ¿es válido lo que siento o sólo está en mi cabeza?, ¿estoy exagerando o realmente es importante? A lo que puedo responder, si a ti te parece relevante es importante ponerlo sobre la mesa y trabajarlo.
Poder nombrar lo que sentimos conlleva una serie de procesos y aceptación. En ocasiones cuesta reconocer o entender las situaciones que vivimos, esto puede relacionarse con nuestra infancia si durante esa etapa alguien mayor invalidó nuestro sentir cuando lo expresamos.
La crianza es un tema complicado ya que cuando se habla de padres, madres o cuidadores primarios, se tiene la idea de que siempre debemos expresarnos bien de ellos porque nos dieron la vida e hicieron todo lo que pudieron por nosotros.
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Lo que imposibilita poder sentir otra cosa que no sea agradecimiento, amabilidad o amor hacia ellos aunque en el fondo puedes estar sintiéndote diferente y también es válido.
No todas las infancias son lindas, ni son iguales.
El abandono emocional infantil afecta la vida, la confianza y la manera en que nos relacionamos con otras personas e incluso con uno mismo; los que han vivido esto saben que constantemente se tiene la necesidad de querer moverse de este lugar, ser escuchados y no permanecer en la duda. Situaciones así nos pueden orillar a dejar de ser empáticos con nosotros mismos.
Haber vivido una infancia lejana a lo que se considera una infancia feliz casi en automático te da una carga de emociones y reacciones sociales que a su vez vendrán en conjunto con una narrativa propia de que el mundo es cruel o confuso, sin ningún lugar seguro.
Estos patrones pueden repetirse de una generación a otra: muchas veces quienes nos cuidaron también crecieron sin ese sostén emocional. Saberlo no justifica lo que pasó, pero permite identificarlo y trabajarlo cuando te sientas lista o listo para hacerlo.
Nadie nace sabiendo ser papá, mamá o cuidador pero hay algunos que son mejores soportes emocionales que otros
Algunas personas cuidadoras no se dan cuenta de ello porque tampoco tuvieron un sostén emocional. Identificarlo, entender de dónde viene e intentar sanar la herida a través de la palabra es una forma de cuidarte.
Cómo se ve la negligencia emocional
La Organización Mundial de la Salud incluye la desatención y la negligencia dentro del maltrato infantil, junto con el maltrato físico, el afectivo y el abuso sexual. La negligencia emocional ocurre cuando las personas que cuidan no responden, de forma repetida, a las necesidades afectivas de una niña o un niño, aunque no haya insultos ni golpes. Algunos ejemplos:
- Dejarle llorar sin acercarse ni preguntar qué le pasa.
- Minimizar lo que siente o cuenta: “no es para tanto”, “hay quien está peor”, “ya, no llores”.
- Burlarse de sus emociones, castigarle por expresarlas o decirle que es “muy sensible”.
- No estar disponibles: estar en casa, pero sin interés por lo que vive, piensa o siente.
Cuando además hay insultos, humillaciones, amenazas o rechazo constante, se habla de maltrato emocional. No dar la atención médica que necesita, o descuidar su alimentación, higiene o seguridad, son otras formas de desatención.
Fuente: Organización Mundial de la Salud, Maltrato infantil (nota descriptiva, 8 de mayo de 2026).
Conclusión
Crecer con un discurso de invalidación genera dolor mental, “no me voy a poner a llorar por eso”, “esto no debería lastimarme”, detrás de este tipo de frases hay una persona que la primera vez que invalidaron fue lastimada y se sintió abandonada. Tus palabras, sentimientos y vivencias son importantes, por lo tanto cuando no tienes la atención necesaria te creas una idea opuesta y piensas que no lo son.
De manera errónea podríamos creer que las acciones violentas hacia nosotros deben contener insultos pero no siempre es así, no prestar la atención necesaria también es un acto violento. Hay que reconocer y hablar, para poder sanar.
Texto original de Andrea Olmos. Publicado por el Equipo editorial Neopraxis y revisado por Cinthia Marcos Fernández-Veraud, psicóloga, cédulas profesionales 5885890 y 7257127, el 8 de octubre de 2026. Este artículo es informativo y no sustituye una valoración profesional.