La fuerza de las palabras – Reflexión

La fuerza de las palabras
¿Qué papel tienen las palabras en nuestro porvenir? " la fuerza de las palabras, tienen la capacidad de construirnos o destruirnos"
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¿Qué papel tienen las palabras en nuestro porvenir? » la fuerza de las palabras, tienen la capacidad de construirnos o destruirnos» Aquí te compartimos una importante reflexión.

Las palabras forjan la idea de nosotros mismos

¿Cuántos no hemos crecido con el peso de una frase que nos dijeron de pequeños o en algún momento de nuestras vidas? ¿Cuántas veces esas palabras han regresado a nuestro presente, alterando la manera con la que nos percibimos? Al desenvolvernos con las personas, dejamos expuesta nuestra manera de pensar y actuar hacia ciertas situaciones y circunstancias.

Sin embargo, la fuerza de las palabras deja al descubierto las ideas que tenemos de nosotros mismos, las cuales internalizamos posteriormente de haberlas escuchado de otro. 

Estas frases o palabras pueden tener una gama de matices, que parten desde lo favorable y finalizan en lo desfavorable; desde el “eres capaz” o su contrario “eres un inútil”; “lograrás grandes cosas” hasta “dudo que llegues a lograr algo en tu vida”; un “te amo” hasta no recibir absolutamente palabras de cariño y apoyo; el “eres muy bonita” hasta algo tan hostil como “deberías bajar de peso, porque te ves mal”; desde el “eres muy guapo” hasta frases que bajan el autoestima como “dudo que alguien quiera estar contigo en la vida”; desde el “estamos orgullosos” hasta la desvalorización de tus esfuerzos y logros como “podrías haberlo hecho mejor” o en su defecto “sí, pero no se compara a lo que hizo…” Estos ejemplos, como muchos otros, contienen un sinfín de variantes que actúan de maneras distintas en las personas. 

La fuerza de las palabras

Las palabras que nos dicen, tienen la capacidad de construirnos o destruirnos, y desafortunadamente no existe algo llamado el <momento clave> del cual podamos anticiparnos y por ende, cuidar lo que decimos; las palabras o frases que nos marcan, las podemos escuchar en cualquier momento de nuestra vida, no obstante, las que más impacto tienen, las escuchamos de pequeños.

Si decidimos escuchar, podremos percatarnos de estos mensajes, sobre todo de los hostiles. Por ejemplo, una madre que invalida lo que su hija le dice con total emoción y seguridad con un “tú no sabes porque eres chiquita” agregando un tono de burla hacia la niña, por jactarse de inteligente. 

Las palabras dolorosas, hirientes y negativas no solo afectan a quien las recibe, sino también a quien las expresa, afecta el pensamiento y la actitud con la que uno se desenvuelve en el mundo.

La hostilidad de nuestros comentarios incomoda a otras personas y a nosotros mismos cuando nos la adjudicamos. ¿Qué sucede cuando se la expresamos a un pequeño? Puede generarle confusión e inseguridad sobre su entorno y sobre sí mismo, dolor, enojo, decepción y una necesidad de afecto difícil de llenar, y dejar marcas que a veces acompañan por mucho tiempo.

¡Y como pesan esos fantasmas!

Son en los momentos en los que nos sentimos más rotos, cuando esas palabras se reviven en nuestra mente como si estuviéramos manchados o marcados de por vida; y si creíamos que habíamos logrado superarlos, son estos momentos cuando nos damos cuenta que no ha sido así.

Solemos pensar que todo se soluciona evadiendo o fingiendo fortaleza ante lo que un día nos dijeron y nos hirió, pero no suele ser así. Una forma de empezar a sanar las palabras que nos dijeron es decirnos otras nuevas y permitirnos recibirlas. Hablar ayuda, y también contar con alguien que sepa escuchar y entender lo que comunicamos entre líneas.

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Ya de adultos, podemos decidir trabajar con esos fantasmas, aunque no los hayamos generado nosotros.

Hacernos cargo de lo que hoy somos también implica aceptar que a veces las heridas, los vacíos, las decepciones, los enojos y las carencias no se pueden sobrellevar solos, y que pedir ayuda a alguien con experiencia en el tema habla de fortaleza.

Atender nuestras heridas también ayuda a no repetirlas con otras personas, sobre todo con niñas y niños, para que nuestra hostilidad no sea el origen del dolor de alguien más.


Texto e ilustraciones originales de Elí Ganem. Publicado por el Equipo editorial Neopraxis y revisado por Cinthia Marcos Fernández-Veraud, psicóloga, cédulas profesionales 5885890 y 7257127, el 8 de octubre de 2026. Este artículo es informativo y no sustituye una valoración profesional.

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